A la mañana temprano subimos a la barca que nos llevaría a distintos arrecifes para poder maravillarnos de los tesoros ocultos que bajo el mar nos deparaba Perhentian Kecil.
Años antes ya habíamos estado en el Mar Rojo buceando pero lo que nos encontramos bajo estas aguas no tenía parangón. Nadamos entre un arco iris de peces, en unas aguas tan transparentes que era como volar sobre el coral. Un coral vivo, exhuberante y lleno de colores, tantos que incluso alguno nos era desconocido. Aquí y allá los peces coralinos jugaban entre nosotros, los pepinos de mar, las estrellas, las caracolas, las anémonas nos insultaban con sus colores. Tuvimos la suerte de llegar a ver incluso un tiburón de aleta negra y aunque ya nos lo habían advertido y su tamaño apenas era de 1´2m, el hecho de verlo surgir de las profundidades y acercarse ( no estuvo a menos de 15 metros pero a mi me pareció casi hasta sentir su aliento ) nos acojonó. En mi cabeza sólo oía la banda sonora de tiburón.
Pero lo mejor llegó tras el descanso para comer. Nos acercamos a otra bahía y allí las vimos. Las enormes tortugas verdes pastaban como vacas en el fondo de la bahía y armoniosa, cándida y lentamente muy lentamente ascendían para retorma aire. Mientras nosotros buceábamos a su alrededor, e incluso pudimos agarranos a ellas y ser arrastrados. Lamentablemente no lo hicimos ni por el lugar ni en el momento adecuado, pues mientras la agarrábamos la parte trasera de su caparazón.... ¡ ella decidió evacuar aquello que había comido !
Fue un día fascinante.
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