Nos recibía a las 9 de la mañana como solo ella sabe hacerlo, con calor y polución. Dejamos las mochilas en la consigna de la estación, y de nuevo mapa en mano nos dirigimos hacia el Palacio Real. Para ello debíamos ir al río y coger uno de los numerosos botes que lo surcan. La tarea puede resultar fácil pero teniendo en cuenta que existen tres tipos de botes (sin bandera, con bandera verde y con bandera naranja), que no todos paran en todas las paradas, y que principalmente no sabíamos si teníamos que coger el subía o el que bajaba, pues no figura la dirección, la tarea se presento un poquito ardua. Finalmente entendimos el sistema, y como en todo, una vez que se entiende no resulta tan complicado. Nos montamos todos a una en el bote que llegó, apretujados como sardinas no pudimos ni pagar así que aquel viaje lo pagó la ciudad.
Por fín llegamos a lo que se puede considerar como el centro histórico de Bkk. Empezamos la visita por el Wat Po y su archifamoso Buda reclinado, el más grande del país, y ciertamente sí que lo es. Está hecho de ladrillo recubierto de escayola y pan de oro; los ojos y los pies don de madreperla. En los pies pueden verse fácilemnte los 108 "láksàná" o características de Buda. También es interesante la ingente cantidad de figuras de Buda que se encuentran en las alas de las galerias que rodean el recinto.
El palacio es una orgía de colores y formas que desbordan al visitante. Para empezar todo el recinto está amurallado y en sus paredes interiores se describe mediante murales la historia mitológica tailandesa. Frescos dibujados al mínimo detalle recubren el kilómetro de muro de tres metro de alto que delimita el recinto. Merece la pena detenerse a contemplarlos pues son de una realización exquisita. E incluso con tiempo y conocimientos de la leyenda de Ramakian puede uno recorrerse cornológicamente el muro.
Podemos disfrutar de todos y cada uno de los wats y estupas que se encuentran rodeando a la joya de la corona tailandesa: el Buda Esmeralda. Un pequeño Buda de jade de 60cm que es venerado por los tailandeses. En el interior del Wat donde se encuentra no se puede grabrar ni sacar fotos. Su interior es espectacular. Rodeado de, lo que sería su equivalente católico, un retablo barroquisísimo, pero expléndido el pequeño Buda se pierde entre tanto objeto de oro puro o recubierto de pan de oro.
El Antiguo Palacio Real, parcialmente cerrado y donde tampoco se puede filmar, aunque menos espectacular es también enormemente curioso y llamativo, por esa mezcla de arquitectura colonial renacentista coronado por el típico tejado tailandés y la "mondòp", una espiral muy hornamentada adaptación thai de la "mandapa" o capilla hindú.
Al atardecer el cielo cayó sobre nuestras cabeza y comenzó a diluviar. Recorrimos Chinatown y el Centro de Bkk, pero como no dejaba de llover a cántaros la visita se hizo más bien incómoda.
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