Es el destino turístico por antonomasia del sudeste asiático. Sin embargo tras esa fachada de ladrillo, cemento y luces de neón, se encuentra no sólo un país por descubrir, sino también, y sobretodo una experiencia viajera única.
Mezcla de espiritualidad y materialismo, aferrada a sus raices pero ferozmente cosmopolita, Tailandia es un resumen de las contradicciones que sacuden a tantos pueblos del sur en los albores del siglo XXI.
Su disparidad abarca desde el Este fundamnetalmente agrícola y ajeno a un mundo moderno que le da la espalda. El Norte étnico y aislado y fiel reflejo de la pantacruélica destrucción de la globalización. El Sur más pudiente gracias a un turismo sin escrúpulos, que no duda en destruir un país a cambio de un paisaje que él mismo termina destruyendo. Y el Centro con Bangkok como máxima expresión de su capitalidad; futurista, opulenta, vertiginosa y porque no paradojica.
Tailandia es un país cuyo mayor valor son sus habitantes. |