Yogjakarta-Bromo, 23 de mayo

El día anterior habíamos reservado un billete por 150000 rupias para ir en autobús hasta Bromo. Esta era una buena opción porque, de haberlo comprado en la estación, nos hubiera costado el doble.
Partimos a las nueve y media de la mañana armados de paciencia, sabedores de que nos esperaban alrededor de diez horas antes de llegar a nuestro destino.La mono-volumen estaba en buen estado, por lo que aprovechamos del aire acondicionado para dormir un poco. Nos divertirnos haciendo parodias para pasar el tiempo.
Supuestamente el transporte era hasta Bromo, sin paradas y sin cambios de vehículos, aunque ya intuíamos que algo iba a pasar, como tener que parar en una agencia de viajes para vendernos un billete de otro vehículo de ellos.De camino vimos algunas gasolineras cerradas por estar desabastecidas y otras en cambio, llenas hasta los topes para llenar los depósitos antes de que entrara en vigor la subida de carburantes a media noche.

A las ocho y media llegamos a la caldera de Bromo tras pasar por imposibles carreteras. A los 2400 metros de altitud hacía frío. Nuestra primera opción en el hotel Lava café fue imposible, estaba completo, así que nos quedamos en las espartanas habitaciones de un hotel próximo por 50000 rupias la noche.
Entre tembleque y tembleque pasamos las horas.

Bromo, 24 de mayo.

Gracias a Internet y a las indicaciones que nos proporcionó uno de los camareros que estaba aprendiendo castellano, nos aventuramos a ir por nuestra cuenta y no hacernos con un viaje organizado en los jeep de turistas.
A las tres de la madrugada, envueltos en una espesa niebla y con el fuerte olor a azufre dentro de nuestras narices, salimos silenciosos de la habitación.
El recepcionista estaba al quite, y sin saber de dónde, se presentó ante nosotros para cobrarnos el billete de entrada al parque que costaba 25000 rupias.

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